Lo que no ves también cuenta: cómo la perspectiva de género transforma la investigación con usuarios
Por Melissa Acevedo
Toda investigación parte de una mirada.
Quienes investigamos con usuarios llegamos al campo con una historia, unas experiencias e ideas previas que influyen en las preguntas que formulamos, en las relaciones que establecemos y en la manera en que interpretamos lo que encontramos. Reconocer esta condición nos permite desarrollar procesos de investigación más conscientes y rigurosos.
Una perspectiva de género nos ayuda a comprender cómo las relaciones de poder y las normas sociales participan en la experiencia de las personas y, al mismo tiempo, nos invita a revisar las condiciones desde las que producimos conocimiento. Esto resulta especialmente relevante en la investigación etnográfica, donde comprender una realidad depende en buena medida de la relación que construimos con quienes participan.
A continuación te compartimos algunos tips útiles para evitar que nuestra mirada interfiera en el resultado de nuestras investigaciones UX.
→ Usa la reflexividad como herramienta
La reflexividad es la práctica de examinar el lugar desde el que investigas: quién eres, qué crees, qué das por sentado, y cómo todo eso moldea lo que ves y lo que concluyes.
La reflexividad nos permite hacer visible nuestra posición dentro del proceso. Supone preguntarnos cómo nuestras propias experiencias pueden estar influyendo lo que observamos y las interpretaciones que construimos.
Esta revisión, más que alcanzar la neutralidad, nos ayuda a reconocer los sesgos y supuestos que inevitablemente acompañan cualquier proceso de investigación para poder examinarlos críticamente. Una investigadora que identifica sus propios puntos ciegos tiene más posibilidades de reconocer aquello que contradice sus expectativas y de abrirse a ideas diferentes de las que había anticipado.
→ Observa las relaciones de poder
La perspectiva de género también aporta herramientas para comprender las relaciones que estructuran el campo de investigación. Los participantes no llegan al encuentro en las mismas condiciones y la relación con quien investiga tampoco es simétrica.
Esto afecta lo que se comparte, lo que permanece en silencio y la confianza necesaria para hablar sobre determinadas experiencias. Atender a estas dinámicas puede llevarnos a cuestionar una respuesta aparentemente evidente, profundizar en aquello que inicialmente parece irrelevante o reconocer que una ausencia también puede contener información.
→ Amplía lo que consideres conocimiento
Históricamente no toda experiencia ha tenido el mismo peso en la investigación. Algunas se han usado como referencia general — como si fueran la norma — mientras otras han quedado al margen. Una perspectiva de género ayuda a detectar cuándo eso está ocurriendo: a identificar qué se presenta como universal y qué experiencia particular está detrás de esa generalización.
Incorporar esta mirada transforma la investigación desde sus primeras etapas. Nos lleva a cambiar cómo formulamos las preguntas, a qué fenómenos les prestamos atención y las categorías con las que organizamos nuestros hallazgos. También permite reconocer diferencias dentro de una misma categoría y evitar que “las mujeres”, por ejemplo, aparezcan como un grupo homogéneo con experiencias equivalentes.
→ Investiga con mayor presencia
Tomarnos el tiempo de investigar con mayor detenimiento y plenitud hace la diferencia en los resultados que obtenemos de la investigación.
¿Desde dónde estoy investigando? Reconocer cómo mi posición puede influir en el proceso.
¿Qué estoy asumiendo o dando por sentado? Identificar supuestos que podrían estar orientando las preguntas o interpretaciones.
¿Qué relaciones de poder están presentes? Observar cómo pueden afectar la interacción y aquello que llega a expresarse.
¿Qué experiencias están quedando fuera? Buscar ausencias y silencios que puedan señalar un punto ciego en la investigación.
¿Cómo llegué a esta interpretación? Hacer explícitas las decisiones y razonamientos detrás de nuestros hallazgos.
La perspectiva de género no agrega una capa más al proceso investigativo. Transforma la manera en que nos relacionamos con aquello que queremos comprender. Nos invita a investigar con mayor conciencia de nuestra posición, de las relaciones que atraviesan el campo y de las decisiones mediante las cuales convertimos experiencias en conocimiento.
Si quieres profundizar en esta forma de investigar y diseñar, te invitamos a conocer nuestro curso Diseño Centrado en la Mujer, donde exploramos herramientas y perspectivas para comprender las experiencias de las mujeres desde una aproximación crítica, situada y sensible a sus contextos.
¿Te animas?